El subir los escalones cuando está a punto de arrancar. La dificultad del peso sobre los brazos, el peso que balbucea y que a ratos sonríe y que a ratos llora. Los últimos cincuenta pesos que le robaste a tu madre porque ya no aguantabas los gritos, el maltrato. No paga pasaje, está bien, todo está bien. El montar a tiempo. La suerte de encontrarlo casi al final del pasillo y sentarse a su lado. La suerte de que nadie se hubiera sentado en ese lugar que le pertenecía a ella. El silencio del viaje, ella con los brazos llenos de un llanto hambriento. Él como distante pero a su lado.

El ahora muerto pero la promesa viva. Ella carga esa promesa que parece dormitarse con el ritmo del viaje. En cualquier rato llora, no ha comido en horas. Los cincuenta pesos (menos el pasaje) que le robó a su madre. Lo encontró, está ahí a su lado, ni siquiera tuvo que esforzarse mucho. Ahora viajan los tres, seguramente adelante hay algo mejor. Ya no gritos, ya no golpes, ya no soledad acompañada. Ahora sólo acompañada. Ahí está él, mirando por la ventanilla al lado de ella, al lado de los lloriqueos hambrientos. Él mira mucho por la ventanilla, parece distraído pero seguro que está haciendo planes: conseguir un espacio, la tranquilidad, conseguir algo, conseguir ya no gritos, ya no golpes. Él decide bajarse, tal vez vio algo (por la ventanilla) que lo retiene, y lo fuerza a bajarse. Ella le pregunta (tal vez en voz muy bajita; quizá con algo de vergüenza), él no le contesta. Ella sigue el viaje, aferrada a los lloriqueos, a los balbuceos. Se apea a las dos cuadras, no sabe porqué no se ha bajado antes, junto con él. Cruza la calle: lagrimitas en su hombro.

Se detiene con ruido patológico cuando ella alza el brazo. Por poco y se cae: como si quisiera escaparse de sus brazos. Arriba, arriba, y ya se está moviendo. Los cincuenta pesos (menos dos pasajes) que le robaste a tu madre. La incertidumbre. Un instante de confusión y el acordarse otra vez (ella no puede saber que es «otra vez»)  de que a lo mejor tiene suerte. El caminar incierto y la expectativa de encontrarlo. El ver un hombre y una mujer en la primera hilera, hombro a hombro, tomados de la mano. Y rápidamente bajar la mirada: no existen.

El encontrarlo en el penúltimo asiento junto a la ventanilla con aire de preocupado: seguro que está haciendo planes. Junto a él está otro hombre, ya maduro, que se levanta para dejarle el lugar a ella porque ha intuido algo (no por los sollozos que se encuentra cargando). Los ojos agradecidos que ella comparte con el señor anciano. El sentarse a su lado —como debe de ser­—. El ser sensata y no imponerle el fastidio de cargar con ese peso que parece va a comenzar a llorar. Seguramente que está haciendo planes: adelante todo, atrás nada. La sonrisa que se dibuja en el rostro de él, repentinamente. Todo está bien… todo está bien, se dice ella, y se lo trasmite, con una sola mirada a los ojitos chiquitos. Ojitos chiquitos que no captan el mensaje y que comienzan a llorar. El recorrido espinoso que no permite el sueño y ella que lo tiene que sujetar muy fuerte. El seguir llorando. Ella esperando que él le diga qué hacer. ¿Siempre adelante? Él que se baja en la esquina. Se ha olvidado de darle instrucciones. ¿Es que los llantos no lo dejan pensar? Ella que se apea a las dos cuadras, no sabe porqué no se ha bajado antes. Cruza la calle: lagrimitas en su hombro. Lágrimas en sus rostros.

Lucidez. ¿Dónde están los cincuenta pesos que le había robado a su madre?  Gritos y sollozos muy fuertes del otro lado de la acera en brazos de ella. El hecho de que esta vez no alza la mano para detener ningún estridente motor. Lógica. Carga pesada en los brazos que llora. Llora, llora y llora. Lógica: hambre-llanto. Lucidez: hambre-sufrimiento. Ella que da la vuelta a la esquina. La noche que recién se ha llegado. El callejón oscuro y el contenedor de desperdicios al fondo. Más llanto. Ella y su lucidez recién adquirida. Lógica: hambre-llanto-sufrimiento. Ella que avanza por el callejón. Esta vez (ya sabe que se trata de esta vez), no hay inseguridad, no existe confusión. Lucidez. Lógica. Ella y su peso en los brazos que ha llegado al fondo del oscuro callejón. Contendor de desperdicios. Lucidez recién adquirida. Lógica: hambre-llanto-sufrimiento-dejar de sufrir. El no-peso en sus brazos porque ya lo ha depositado en el contenedor. Ella que le ayuda a apagar su llanto desde la raíz. No más viaje a ningún lugar, no más «adelante». Lucidez recién adquirida. Lógica. Simple Lógica: hambre-llanto-sufrimiento-dejar de sufrir-brindar consuelo.

Abrimos la ventana

que nos pinta en un cuadro

y vemos los rombos en los

flancos de colores

de los peces de papel que nadan,

en la brisa,

a unos quince metros sobre

el nivel del mar.

¿Qué pasaría si de una buena vez, Los Conjurados(1), se propusieran como única misión divina, erradicar todas y cada una de las versiones que tiene La Biblia? Un mundo sin La palabra, ¿qué pasaría?  ¿Cómo respiraríamos el aire?

1 Los Conjurados: sociedad secreta cuya base de conspiración se cree está en algún lugar del centro de Europa, y su antiguedad data de la mítica (en su organización) fecha de 1291, lo poco que se sabe de ellos es gracias a una ancestral canción nórdica:

Se trata e hombres de diversas estirpes, que profesan

diversas religiones y que hablan en diversos idiomas.
Han tomado la extraña resolución de ser razonables.
Han resuelto olvidar sus diferencias y acentuar sus afinidades.

Cabe mencionar que nada se sabe de sus actuales convicciones y menesteres.


Atendamos sólo a la literatura particularísima; la verdadera.

R.I.C.L

Título de trabajo final:

La lepra y el SIDA, consecuencias divinas del pecado.

Hoy fue mi última sesión con el psicólogo en la búsqueda de las causas de lo que llamo “mi problema de olvido de las cosas”. Al parecer, de todos los exámenes que me hicieron (incluyendo una radiografia del cráneo, cuestionarios y puzzles con bloquesitos de madera), sólo se dedujo dos cosas: 1)  presento problemas leves con la autoridad, y 2) también tengo, y esto sí es grave, problemas de dependencia.

En otras palabras, de los padecimientos psicológicos que pueden afligir a un ser humano los míos son los más simples, sosos, horizontales y sin chiste que hay en este mundo.

PD: Sigo olvidando muchas cosas.

Reproduzco íntegramente el primer párrafo del examen escrito de un estudiante de medicina. Se trata de un examen extraordinario. Omito su nombre por respeto a su persona.

SIDA

Primero que nada hay que separar el término de sida con el de VIH. El sida es el sindrome de la inmunodeficiencia adquirida esto quiere decir que es un virus que ataca tu sistema inmunológico por medio de una adquirición. A diferencia del VIH, que es el virus de la inmunodeficiencia humana, o sea que las personas nacen ya con este virus y que en los dos casos es letal para el humano.

eye-clock

1:33:00

Se mueve a la derecha, la manecilla. Muy rápido. Rayita 60, 1, 2, 3. Casi llega a la rayita número cinco donde vemos un majestuoso y simbólico «1» de ladito como cayéndose.  Un poco más allá (justo entre el 1 y el 2) se encuentra su hermana, la más pequeña, la más lenta, avanza sin ganas de querer llegar. Nadie corre tan rápido como ella, por supuesto.

—¡Pronto te alcanzaré pequeña hermana!, y después a ti, ¡como sucede siempre!

La hermana moderada, la de en medio si permiten la expresión, se encontraba por el sur, muy al sur, justo en la rayita 33. Sin lugar a dudas era ella el equilibrio, entre la loca y desesperada manecilla protagonista y la parsimoniosa y lerda pequeñita.

Sabíamos que la hermana chiquita jamás podría escapar de la orgullosa protagonista y pronto fue alcanzada. Ya va en el quince ahora en el veinte. No le importaba pasar por encima de sus hermanas, no le importaba pasar por encima de nadie. Pasa por el encima del tiempo, lo pisa, lo devora. Y el tiempo es nuestro, y no le importa.

La hermana «de en medio» nos da esperanzas, parece que ella sí avanza, está en el 33 pero casi ha alcanzado el 34. Tan sólo se necesita que ella llegue antes al 34, antes de que su hermana llegue al 12. Las horas y los minutos son nuestros aliados. Puedo sentirlo. ¡Llega antes manecilla mesurada y el tiempo será desenmascarado y todo tendrá sentido! Puedo verlo, lo va a lograr.

Mentira. Sólo llegará al 34 cuando la orgullosa manecilla protagonista así lo quiera. Ahora lo comprendo. Cuando su carrera insaciable colapse contra la rayita número 60, contra el imponente número 12. El tiempo seguirá golpeándonos en la cara.

Todavía no ha pasado la rayita treinta y ya lo he comprendido. Es demasiado veloz. Por fin, hermana mesurada ha quedado atrás. ¡Maldita y desdichada manecilla del segundero! Delgada y espigada, ágil y habilidosa. ¿A caso no te das cuenta de que estás siendo utilizada como instrumento para devorarnos? ¿O es que tú también eres una víctima?

1:34:00

Te estrellas contra el doce, terrible e ingenua.

Juguemos a que detenemos el tiempo. Aunque sea sólo con ecuaciones.

1:34 – 1:33  = 1 minuto transcurrido

1 minuto transcurrido = Mi cuerpo elabora un mililitro de orina, inhalé cinco litros de aire, parpadeé doce veces, mi corazón latió 72.5 veces, nacieron aproximadamente 170 niños en el mundo, consumí alrededor de 250 ml de oxígeno, la Tierra se desplazó 1.760 km en su recorrido alrededor del Sol, produje 140 millones de glóbulos rojos, y murieron 105 personas.

1:34:02

Etcétera.

dejame-entrar

Me topo con esta película. Resulta que salió en febrero de este año (por supuesto que no en México), que es sueca, que es de vampiros, y que fue muy premiada.

Resulta que decido verla porque en la sinopsis de x página de Internet estaba escrita la palabra MACABRA. Y yo terco de encontrar una película que en realidad me de escalofríos y no me deje dormir. Casi lo consigue Hostel pero esa no cuenta porque yo busco una de corte sobrenatural.

Resulta que me impacta, resulta que es hermosa (historia, filmación, actuación, y música). Todavía no sé si se trata de un filme de esos que te cambia la vida. Pero sí sé que se trata de uno de esos filmes que le da nuevas esperanzas al género, en este caso: Terror. Yo la describiría así: brutalmente tierna, brutalmente macabra. Ambas cosas. Así.

Dejo aquí una sinopsis tomada de labutaca

Oskar es un chico de 12 años que sufre continuamente el acoso de algunos compañeros de su clase. Su deseo de tener un amigo parece hacerse realidad cuando conoce a Eli, una niña de su misma edad que acaba de mudarse a la casa de al lado. Pero Eli es una niña misteriosa: es muy seria, está muy pálida, sólo sale por las noches y aparentemente no le afectan las temperaturas heladas. Una serie de desapariciones y asesinatos inexplicables coinciden con la llegada de la chica.

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Resulta, también resulta, que es originalmente un libro, una novela. Y que el escritor de la novela es el guionista de la película. Atención, su nombre: John Ajvide Lindqvist. Corro a buscar el libro, sólo encuentro el primer capítulo. Lo devoro y quisiera poder adquirir el libro. Claro que en castellano sólo se vende en España.

Detrás de mí, nada; adelante, todo, como acontece siempre en la carretera.

Jack Kerouac, En la carretera